56. La plaza que respira

Hicimos algo que HLK no había previsto en ninguno de sus diagramas fríos, de esos que trazan como si la gente fuera coordenadas: aparecer. Dar la cara. Poner el cuerpo. Y hacerlo donde menos lo esperarían: a plena luz de la tarde, en la plaza central del pueblo, ese lugar donde todos creen que nada pasa y, sin embargo, todo puede empezar.

Vera improvisó un set con su trípode torcido, apoyado contra un cantero, y su celular sujeto con cinta como si fuera una vida aferrada. Su pulso, increíblemen
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