19. La grieta
Hay algo peor que un enemigo: no saber quién es.
No poder ponerle un rostro al miedo, ni una dirección al peligro.
Esa incertidumbre te corroe más lento, pero más profundo.
Esa mañana llegué a la agencia antes que todos. El guardia de turno bostezaba, la cafetera goteaba sin ritmo, y la luz del amanecer se filtraba por los ventanales como un secreto que nadie debía escuchar. Llevaba días con la misma pregunta clavada en la cabeza: ¿Quién nos estaba observando desde dentro?
Fui a seguridad con l