11. Terreno minado
No me agradan las sorpresas. Y Tomás es una con piernas.
Lo intercepté en el lobby antes de que se escabullera hacia el ascensor.
—Necesitamos hablar —le dije en un tono serio.
—Siempre es un placer —respondió, con esa sonrisa que no llega a los ojos.
Caminamos hacia la cafetería del primer piso. Pedí dos cafés que ninguno tenia pensado terminar. No perdí mas tiempo.
—La noche del apagón hubo huecos en las cámaras internas de seguridad— —. Justo en zonas claves.
—Qué coincidencia —dijo, revolvi