Capítulo XXXIV

Horus condujo de regreso a la mansión de Malibú en completo silencio, un silencio denso y cargado que era mucho más elocuente que cualquier palabra. Senay estaba acurrucada a su lado en el asiento, sus lágrimas se habían secado, pero el temblor nervioso aún recorría su cuerpo en oleadas intermitentes. Él no la presionó para hablar, sabiendo que el shock necesitaba tiempo para disiparse. Solo mantuvo su mano firme sobre la de ella, un ancla silenciosa de seguridad en medio de la tormenta que aca
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