La luz de la tarde de Los Ángeles se filtraba a través de los vitrales de la pequeña iglesia, tiñendo el aire de un color melocotón y oro. No era la gran catedral de Estambul, sino un santuario íntimo, adornado con sencillez: sólo rosas blancas y lirios, que desprendían una fragancia limpia y esperanzadora. Todo en este segundo matrimonio de Senay y Horus Arslan-Hassan respiraba autenticidad.
Senay entra vestida de novia a la iglesia. Su vestido era la antítesis del traje de alta costura que us