El aire se partió en dos. El único y atronador disparo que salió de la pistola de Ahmed no se disolvió en el frío del bosque; se incrustó en el tiempo, deteniendo la rotación del mundo.
Senay había empujado su cuerpo con la fuerza de un resorte que se libera, corriendo hacia Horus. Él, viendo la grieta de oportunidad que ella había creado, se había lanzado simultáneamente. Sus brazos se extendieron, no para atacar, sino para proteger. Horus recibe a Senay en sus brazos y se gira, cubriendo su c