Dos meses habían pasado desde los hechos. Dos meses que se sintieron como un largo y profundo aliento después de años de asfixia. Los Ángeles había actuado como un refugio cálido y expansivo, el sol de California quemando lentamente las sombras del trauma que la familia Arslan había sufrido. Estos habían sido dos meses sanadores, un periodo dedicado a la reconstrucción, no de un imperio, sino de las almas que lo habitaban.
Senay y Horus vivían en una burbuja de serenidad recuperada. La casa en