La noche de la Gala de Empresarios de Los Ángeles había llegado. Era el evento social más importante del año, y todos los ojos estarían puestos en los Arslan. En la mansión de Malibú, Horus y Senay se preparaban para la batalla.
Senay se miró en el espejo. El vestido verde esmeralda que había elegido, sencillo pero elegante, le quedaba perfecto. Hacía juego con los pendientes de diamantes que Horus le había regalado en la boda. Se veía hermosa, como una reina, pero se sentía como una impostora.