La noche se consumía lentamente en la sala de espera del hospital. El ambiente era estéril, frío, con la luz fluorescente zumbando sobre sus cabezas. Horus estaba sentado como una estatua, su traje formal ahora arrugado y manchado, contrastando con la ropa casual de Elif, que estaba acurrucada en una silla, sollozando en silencio.
La primera en llegar fue Vittoria. Entró corriendo, su rostro pálido y lleno de angustia. Al ver a Elif, la abrazó de inmediato, brindándole el consuelo físico que Ho