El eco del beso aún vibraba en el aire de la cocina de Malibú, congelando a Horus en su sitio. El mármol de la encimera se sentía helado bajo sus palmas. Se quedó mirando el espacio vacío donde Senay había estado sentada, y luego la puerta por donde ella había huido. La culpa era una ola negra que lo arrastró. Había roto el trato. Había cruzado la línea que él mismo había dibujado para protegerla, para proteger su frágil acuerdo.
—Fui un idiota —murmuró, sintiendo que había dañado algo irremedi