Una semana había transcurrido desde que Senay regresó a la mansión de Malibú. Una semana de silencio espeso, de movimientos cautelosos y de una distancia emocional que se sentía más grande que el océano.
La casa se sentía vacía, a pesar de ser inmensa y estar llena de muebles caros. El silencio no era de paz, sino de duelo. Era el eco de la vida que ya no estaba. Horus había cumplido su palabra de borrar todo rastro físico de la tragedia, pero el aire mismo olía a tristeza y a los desinfectante