El mundo exterior se había tragado a la familia Arslan.
Mientras la prensa asediaba a la familia Arslan y a los Hassan por la desaparición de Senay, la narrativa se había solidificado: Ahmed, el hijo resentido, se había convertido en un paria nacional, un monstruo que había atacado a su propia madre por la avaricia de la herencia y había arrastrado a su cuñada a su psicosis. Los helicópteros sobrevolaban el hospital y la mansión, el nombre de Dilara pendía de un hilo, y la esperanza de Set se m