El amanecer en Los Ángeles no trajo la paz de la noche; trajo un diluvio de cámaras y micrófonos. El ataque a Dilara Arslan no era solo una tragedia doméstica, era un escándalo que afectaba a una de las familias más poderosas de la costa oeste.
Las noticias vuelan y esta vez no fue diferente. A la luz del día, el hospital se había convertido en un bastión policial y mediático. Set, aturdido por la pérdida de control y la gravedad del estado de Dilara, no tuvo más remedio que seguir el protocolo