En un departamento perdido en los suburbios, lejos de la opulencia de la familia Arslan, Ahmed abría los ojos. El lugar era lúgubre, sin personalidad, y estaba inundado por un aroma a desinfectante y especias baratas, una combinación que prometía limpieza superficial sobre una suciedad profunda. El colchón donde yacía era duro y el sudor frío le empapaba la ropa.
Su visión estaba borrosa y le costaba enfocar el techo bajo. Cuando finalmente logró distinguir las figuras de la habitación, el ruid