A Horus le tomó una semana entera descifrar dónde llevar a Senay.
No era fácil encontrar un lugar que estuviera a la altura de lo que Nicolai había llamado una "luna de miel real". Él, el hombre de los negocios globales, estaba acostumbrado a viajar, pero todos sus destinos eran reuniones de directorio, cumbres en Ginebra o lanzamientos en Tokio. Lujo, sí, pero nunca romance. El problema no era el dinero, sino la intención. Tenía que ser un lugar que marcara un comienzo, un lugar que ella no es