La tarde cayó suavemente sobre Los Ángeles, pero la calma en la mansión de Malibú era superficial. La tensión, aunque baja, no había desaparecido, solo se había transformado. Ahora era una duda molesta, un zumbido de fondo causado por un simple ramo de rosas blancas.
Ese día, Senay salió de la mansión por primera vez desde que había regresado del hospital, sin contar el paseo al jardín. Fue a almorzar con su hermana, Elif, y su mejor amiga, Vittoria. El lugar era un restaurante discreto cerca d