En Estambul, el abuelo Selim Hassan, estaba en su oficina. Acababa de hablar con su nieta, Senay, y el informe sobre el "robo" en su estudio de Los Ángeles lo había puesto en un estado de alerta máxima. Selim era un hombre que sabía leer las entrelíneas; él sabía que su nieta jamás exageraba un problema, y que la palabra "robo" era a menudo un código para algo mucho más siniestro. Su intuición de patriarca le decía que la seguridad de Senay estaba comprometida.
Llamó de inmediato a su hijo, Lev