La mañana en la mansión de Malibú era de una calma forzada. Horus y Senay habían ensayado su papel de matrimonio sólido y estratégico.
El coche con los visitantes se detuvo frente a la puerta. De él descendieron el abuelo Selim Hassan, imponente, con su traje de corte clásico, y Elif, la hermana menor de Senay, cuyos ojos se abrían con asombro ante el lujo desmesurado.
Horus y Senay avanzaron para recibirlos, manteniendo una cercanía calculada que debía parecer amor o, al menos, profunda lealta