Capitulo XXXII

Horus estaba en su oficina, listo para salir. Tenía el abrigo puesto y la mente en el tráfico de la tarde. Iba a buscar a Senay. Ya había pasado la media hora que le había prometido.

Justo cuando se dirigía a la puerta, el ascensor se abrió y entró Dilara. Su madre se veía cansada, sin el brillo habitual de la matriarca. Su cara, por primera vez, no era una máscara de control.

—Horus. Necesito hablar contigo —dijo Dilara, con una voz que casi suplicaba.

Horus se detuvo. Estaba apurado por la ll
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