Los días que siguieron a la ostentosa Gala de Empresarios se deslizaron en una rutina extraña y silenciosa. La vida de Horus y Senay se había convertido en un baile sincronizado. Él iba a su oficina, ella a su estudio de arte. Por las noches, compartían la suite de Malibú, durmiendo en camas separadas pero con una lealtad creciente que era más fuerte que cualquier pasión. La fachada de su matrimonio era tan perfecta que hasta los propios Arslan comenzaban a dudar de sus instintos.
Pero la mansi