La resaca emocional de la Kına Gecesi era palpable. El aire en la mansión Hassan se sentía pesado con las expectativas y los secretos. El ala de invitados, donde Hadiya Demir y su familia se alojaban, era un epicentro de derrota y rencor.
Hadiya encontró a Ahmed en la soledad forzada de su suite, sentado frente a una taza de té que no tocaba, con el rostro gris de la humillación. Apenas había dormido después de la confrontación fallida en el claustro con Horus.
—Horus lo sabía. Lo sabía todo —e