La majestuosidad del Palacio Çırağan se extendía bajo el sol poniente de Estambul. El Salón de los Sultanes, adornado con miles de lirios blancos y candelabros de cristal, era el escenario perfecto para la celebración más importante de la temporada.
Senay caminaba por la alfombra roja, sostenida por el brazo de Horus. Su vestido era una obra de arte sencilla y costosa, de seda marfil que acentuaba su embarazo aún incipiente, aunque disimulado con maestría. Cuando se detuvo frente al oficiante,