Horus miraba el reflejo de la ciudad de Malibú en el enorme ventanal de su oficina. El sol de la mañana brillaba sobre el océano, pero dentro de él, todo era frío y oscuro. El jet privado se había sentido como una cárcel, y el aeropuerto se había sentido como un campo de batalla donde había perdido a su única aliada. .
Horus veía la ciudad moverse desde el ventanal de su oficina. El silencio era devastador. No era el silencio de la soledad; era el silencio de la traición y la incomprensión. Aún