El apartamento de Senay seguía sintiéndose como una celda de lujo, pero al menos estaba rodeada de rostros amigos. Después de dos días sin comunicación con el mundo exterior —es decir, sin hablar con Horus—, el investigador de su abuelo, un hombre silencioso y eficiente llamado Tamer, le entregó un informe actualizado.
Tamer había trabajado rápido, usando contactos independientes. La información era devastadora. La toxina encontrada en la sangre de Senay había sido analizada de nuevo.
—Señora —