Horus regresó a las pocas horas, visiblemente apurado y de mejor humor, esperando encontrar a Senay en el mismo estado de enamoramiento en el que la había dejado. Entró al apartamento y cerró la puerta.
—Cariño, estoy de vuelta. El inversor...
Se detuvo en seco. Senay no estaba dibujando ni mirando por la ventana. Estaba sentada en el sofá, con la espalda recta, y en sus manos tenía la carpeta de papel marrón. Sus ojos, enrojecidos e hinchados por lágrimas recientes, estaban fijos en él.
La atm