Entran a la sala de expiación, encontrándose con Esposito y López. A través del vidrio pueden divisar a Gaby e Ian interrogando a Santiago. López mira a los recién llegados con interés y más al darse cuenta de que había una mujer completamente extraña. Él la mira de arriba abajo, ella vestía una blusa color uva, un pantalón negro ajustado a sus largas piernas y unas botas del mismo color que el pantalón, que le llegaban hasta las rodillas. Era una hermosa mujer, pero no era una mujer de alguna fuerza, era simplemente un civil y eso le llamaba la atención, más viniendo de Esposito.
—Lina, ¿cómo está tu costilla? —le pregunta Esposito, al tiempo que se acerca a ella y la estrecha en sus brazos.
—Bien, ya estoy como nueva —expresa sonriendo.
—Un golpe no es caída, diría tu padre —expresa Lombardo.
—Fue un golpe duro —entona Lina.
—Eres fuerte —Esposito palmea su hombro y la insta a moverse más al centro de la habitación—. Él es, López. El compañero de Alba —le presenta—. López, ella