—No puedes estar aquí —gruñe Gaby.
—De hecho, si puedo —refuta Lina.
-No; no puedes. No tienes permiso —exclama Ian con calma.
—Sí lo tengo —contesta la joven sonriendo.
Ian y Gaby comparten una mirada. El rubio oriental.
—Voy a averiguar que pasa —entona Ian y sale con rapidez de la sala.
Lina se recarga contra la pared, todavía con los brazos cruzados y sonriéndole a Santiago, que la mira con terror. Suspira con exageración y posa sus ojos en Gaby, que la observa con el ceño fruncido. E