Alex solo le da un poco de esa excitación que siempre surge entre ellos y se aleja sin dejar de moverse al ritmo de la sensual música. Ella lo mira atentamente ahora su color rojo furioso no era de enfado si no de lujuria y Alex sabía bien como seguir con el juego y como llevarla hasta donde él quería sin darle la oportunidad de pensar en donde estaban, solo la tenía dependiendo de un hilo haciéndola sostenerse en el presente y en él. Era así como debía que ser.
De repente ya no estaban solos