El morocho entra en el cubículo, con una silla de ruedas, donde estaba el hombre todavía esposado en la camilla y lo observa con una mezcla de rabia y venganza.
—Quítenle las esposas, por favor —ordena a uno de los guardas.
—Señor, no tenemos…
—Ahora —exige sin dejar que el guarda suelte su negativa.
—A ¿dónde me llevas? —pregunta el tipo sin ocultar su miedo.
Gaby lo pasa a la silla de una manera extremadamente brusca.
—Tienes visitas.
—No es verdad, nadie me vendría a ver —mira hacia arriba p