Tacones golpeando el suelo fuera de sincronía se comienza a escuchar interrumpiendo la conversación de los hombres. Ellos giran para ver a las mujeres bajar las escaleras. Todas estaban bellísimas, ninguno de ellos puede hacer un solo movimiento, se quedaron mirándolas con los ojos ridículamente enormes y la boca abierta. Como si estuvieran sincronizados, los hombres tragan saliva y parpadean. Las mujeres notan eso y comienzan a reírse de ellos. Salvo Sofi que estaba más roja que el gazpacho.