En esta oportunidad, Sofi decide hacerlo callar adueñándose de la boca masculina.
—Creo que se te contagió la locura de nuestros amigos. Pero me gusta, me encanta —exclama exaltada al verso casada con el hombre que ama.
—A mí me encantas tú —la besa de nuevo, un beso profundo y un poco rudo, con la desesperación latente de querer ya estar frente a una capilla y terminar juntos, hasta que la muerte los separe, de una vez por todas.
—Supongo que dijo que sí —interviene Mateo, cortando la pasión de ellos.
—Así es —responde Ian sin poder ocultar su sonrisa—. Ahora vas a tener que verme más seguido campeón.
—Mientras dejes de espiarme cuando canto y luego te hagas el que no escuchó nada, no me molesta verte todos los días —esa confesión hace que Ian se carcajee, el muy maldito sabía muy bien que Ian lo espiaba y siempre se hacia el tonto.
—Prometo no espiar más —jura levantando una mano—, pero no prometo dejar de escucharte.
—No hay problema, mientras no lo fomenta por ahí —Lo mira elevand