—Ya me aguanté más de cuatro horas, ¿podrías sacarme de esta intriga? —acorrala Sofi.
—Estuviste pensando en eso todo el tiempo —le acusa él.
—Pero me mantuve a raya —se defiende ella. Ian suspira moviendo la cabeza de un lado a otro—. ¿Para qué otra cosa sirve este lugar? —pregunta mostrando una calma que no poseía.
—Mateo —le llama la atención al chico que estaba observando detenidamente el río, más cerca de la orilla. Éste se gira y lo mira—. ¿Puedo pedirte algo?
—Sí, claro —le responde el n