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—¡Pero mira corazón, tienes las mejillas enrojecidas! —La madre de Alejandro los empujó hacia el interior de la cabaña.— ¡Vamos adentro, nos espera un chocolate caliente y panecillos!
Alejandro le besó la frente a Olivia.
—¿Lo ves? Te dije que te adorarían.
—¡Se ve muy feliz! ¿Es verdad que yo soy la primera Omega que traes a casa? —Olivia lo miró coqueta y feliz.
—Es verdad, Olivia. Tú has sido la única. —Ambos sonrieron y el corazón de Olivia se sintió cálido—. Vamos, tu cara está demasiado roja por el frío.
Era cierto, Olivia no estaba acostumbrada a semejante temperatura. Ella era más de climas tropicales, como la playa, no de un frío bosque invernal. El interior de la cabaña era caliente, con muebles de madera clara y una decoración acogedora.
—¿Ya está aquí la pareja de Alejandro? —Un Alfa bajó las escaleras a toda velocidad.— ¿Ya llegaron?
Era un hombre entre los veintitantos con gran parecido a Alejandro. Sin duda, la señora Jones parecía una impresora. Al ver a su hermano, el