Antes de que pueda procesar su respuesta, la empleada que Thomas había mandado a limpiar aparece en la sala, manteniendo la cabeza baja para evitar mirarlo directamente.
—Señor, la habitación de invitados ya está lista —anuncia con voz temblorosa.
—Gracias —dice él, cortante.
La chica hace una reverencia rápida y se retira a toda prisa, dejándonos solos otra vez. Thomas clava sus ojos oscuros en mí, barriéndome de arriba abajo.
—Voy a darme una ducha y a cambiarme. Espérame aquí —me ordena, con