Me quedo de pie junto al gran ventanal de la sala, con los brazos cruzados y los nervios destrozándome el estómago. Miro hacia el bosque espeso por donde Thomas y esa mujer, Freya, desaparecieron corriendo a una velocidad sobrehumana.
Astro camina de un lado a otro por el porche exterior, visible a través del cristal, olfateando el suelo con las orejas gachas, igual de inquieto que yo.
El sonido de unos pasos ligeros me hace dar la vuelta de golpe. Es una de las empleadas de la casa, una mujer