Mantengo la mandíbula apretada, sintiendo la dolorosa presión en mi entrepierna. Estoy jodidamente duro, el instinto sigue latiendo con fuerza en mis venas tras haber tenido a Emma bajo mis dedos, devorando su humedad. Pero el olor que ha entrado por las rendijas de la propiedad no miente. Es una visita que no puedo ignorar ni mandar al diablo. No a él.
Me acomodo el pantalón con un movimiento seco, imponiendo la voluntad de mi mente sobre la fiera que aún ruge en mi interior exigiendo terminar