CAPITULO 12: THOMAS.
Estoy sentado frente a Archer y su hija, Mayra. Sus intenciones son tan predecibles que casi puedo oler el hambre de poder que emana de ambos. Son ambiciosos, insaciables, y creen que han encontrado el anzuelo perfecto para arrastrarme a su terreno.
Archer se inclina hacia adelante, apoyando los antebrazos en la mesa con la confianza de quien se sabe dueño de la situación.
—Hablemos de negocios, Thomas. Sabes perfectamente lo que esconden esas tierras del norte. Oro y diamantes. Una veta masiva