MELISA.
Salimos de la casa. Me deslizo en la parte trasera de una camioneta blindada, negra y discreta, con Nick al volante. El viaje es silencioso por los primeros minutos, solo se escucha el motor y el tráfico lejano. Observo las calles pasar, sintiéndome ya separada de mi vida anterior.
Nick rompe el silencio, manteniendo los ojos fijos en el espejo retrovisor.
—Hemos dejado el cementerio, princesa, asi que deja esa cara —dice, usando el apodo con menos burla y más respeto que antes—. Hemos