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Capítulo 6. Prueba de Lealtad.

Capítulo 6.

Prueba de lealtad.

POV Alicha.

Deteniendo los festejos y los banquetes, llega el momento más solemne y temido: la intimidad. La prueba de pureza que dictan nuestras tradiciones más arraigadas.

Caminamos por el pasillo hacia la suite nupcial, escoltados por los testigos y nuestros padres. El silencio es denso, cargado de la importancia del acto que está por venir. Al llegar frente a la gran puerta de madera tallada, nos detenemos. Mi padre y mi madre me dan su bendición definitiva con los ojos húmedos; el padre de Armando hace lo mismo con él, con una mirada cargada de alivio y gratitud.

La puerta se cierra detrás de nosotros, dejando fuera el ruido del mundo.

El silencio en la habitación es absoluto. Armando camina hacia la cama y se sienta en la orilla, dándome la espalda por un momento. Yo me quedo de pie cerca de la entrada, con el corazón martilleando contra mis costillas. Mi vestido de novia, pesado por las joyas y el bordado, parece quitarme el aliento. Lo sigo con la mirada, analizando cada movimiento de sus hombros anchos.

—Acércate —pide él con voz grave, casi irreconocible.

Mis piernas tiemblan, pero obedezco. Camino lentamente sobre la alfombra persa hasta quedar a pocos pasos de él. El aroma de su perfume se mezcla con el incienso de la habitación. Estoy tan nerviosa que siento que podría desmayarme.

—¿Qué… qué tengo que hacer? —pregunto en un susurro apenas audible, con la inocencia quemándome las mejillas.

Armando levanta la mirada. Sus ojos azules están oscuros, indescifrables, carentes de la alegría que una noche de bodas debería tener, pero cargados de una determinación que me estremece.

—Tú no tienes que hacer nada —responde él, poniéndose de pie frente a mí—. Déjamelo a mí —dice, mientras empieza a soltar la atadura de mi hiyab, liberando mi cabello.

Me estremezco. Su mirada me recorre mientras lleva lentamente su mano a mi pelo, apartándolo de mi pecho. No logro sostenerle la vista; me intimidan sus ojos azules. Él comienza a desabrochar los botones de mi vestido e, impulsivamente, tomo su mano, deteniéndolo por los nervios. Mi respiración se vuelve errática; no puedo controlarme.

—¿Quieres continuar? —pregunta.

Me quedo en silencio por unos segundos.

—Lo siento, estoy… un poco nerviosa. Eres el primer hombre que me ve así, expuesta, pero… —tomo su mano, la que aún sostiene el dobladillo de mi vestido, y la llevo a mis labios para darle un beso suave. Levanto la mirada y, sin ocultarme más, apoyo su mano en mi pecho, ayudándolo con el siguiente botón—. Quiero ser completamente tuya, mi sultán —declaro en un susurro.

Él desabrocha en silencio el resto de los botones y, en un instante, mi vestido cae al suelo. Quedo en un camisón de seda blanca que apenas cubre mi cuerpo; es tan diminuto que me expone por completo ante él.

Mi cuerpo tiembla ligeramente y mi corazón late con fuerza mientras siento sus manos recorrer mi piel, despojándome de la bata. Me deja solo en ropa interior. Su mirada me escanea en silencio; no hay palabras. Simplemente me sostiene de las caderas y me guía a la cama para sentarme. Él se arrodilla y me quita los tacones. Estoy temblando y, como muestra de ello, mis pezones se ponen en punta y mi piel se eriza.

No puedo apartar mi mirada de la suya. En cuanto me libera del calzado, se levanta y se posiciona frente a mí. Me mira fijamente mientras empieza a desvestirse.

—Acomódate más al centro de la cama —solicita.

Mecánicamente, me muevo con lentitud, empujándome hacia atrás con las manos mientras lo detallo. Bajo toda esa ropa se ocultaba un cuerpo hermoso; nunca había visto a un hombre así. Al verlo sin prendas, empiezo a sudar: sus grandes pectorales, su cuerpo tonificado y su centro, esa herramienta gruesa y larga con la que juega mientras me mira. Se acomoda sobre la cama y sujeta mis piernas, deslizando sus manos por mi piel. Quema; siento que mi cuerpo reacciona a sus caricias.

Me despoja de mi lencería y se posiciona frente a mí. No sé qué hacer. Sufro un pequeño espasmo al sentir que sus dedos tocan mi feminidad. Frunzo el ceño débilmente, sin apartarle la mirada. No sé qué se espera de mí, pero empiezo a sentir cómo su toque emite choques eléctricos por mi cuerpo, causando que mi mente colapse. Mi vientre realiza un vaivén involuntario y no puedo detener los sonidos que salen de mis labios; me avergüenzo y me tapo la boca.

Él solo me mira mientras me retuerzo en la cama. No puedo evitar soltar mis labios para aferrarme a las sábanas. La situación me inquieta; él permanece distante. La necesidad abrumadora de abrazarlo me consume, quiero sentir su calor, pero él solo juega conmigo. Como no tengo conocimiento de esto —pues nunca lo hablé con mi familia—, solo sé que existe la unión entre hombre y mujer, pero carezco de sabiduría sobre anatomía o biología. Soy ajena a la práctica.

Espero paciente hasta que siento un impulso intenso, una liberación que me obliga a cerrar los ojos. Descanso finalmente y, cuando creo que todo ha terminado, la cercanía que esperaba llega. Él se sitúa sobre mí, con su cuerpo esbelto muy cerca del mío.

Acaricio su piel, subiendo desde su pecho hasta su mejilla. Busco sus labios, pero él aparta el rostro. No logro entender su reacción cuando, de repente, siento una presión inquietante entre mis piernas.

—¡Ah! —jadeo, clavando las uñas en la cama. Me elevo impulsivamente hacia delante, mirándolo con debilidad.

—Intenta relajarte, aún no está completamente dentro.

Sus palabras me ponen más nerviosa. Él toma mi muslo y se hunde más. Mis ojos se llenan de lágrimas; trato de no ser débil, de mantenerme fuerte, pero no logro retenerlas. Lo abrazo, buscando reconfortar mi cuerpo, y es aquí donde lo escucho jadear.

—¡Ah!

Me aprieta con fuerza el muslo izquierdo y comienza a ejecutar movimientos más precisos. Armando acelera sus embestidas. Siento una presión incómoda que poco a poco se disipa, permitiéndome sentir cómo mi cuerpo se estremece con cada golpe.

Suspiro y busco sus labios, pero él sigue evitándolos. Excitada y sintiendo una electricidad insoportable, hundo el rostro en el pecho de mi esposo. Al sentirme plena, me acerco un poco más atrapando su labio inferior en un beso corto., que me acelera el corazón.

— Te quiero con todas mis fuerzas, mi sultán.

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Cristina Diaz Camaraarmando eres un miserable
Nathü Ara Vinecesitamos un pov de armando
Nathü Ara Vila hizo suya a su mamera si contenplacion de manera fria no la besos porque representa intimidad algo que no quiere con ella pero cumplira como esposo
hebracoray niña!! y lo q t falta x vivir, xq ese desgra ya te juzgo y t condenó!!
hebracory bueno , el desgra parece q no la quiere besar, espero q t cueste sangre esa actitud para con alicha
Paula Almonaciduna pena todo esto ya q alicha esta ilusionada y eso hace q la caída sea peor
Willneyla MirandaYa quiero leer q ella se acoja a la ley del talaq, q el sufra el doble de lo q ella lo haga y q ella sea feliz con otro q la trate como la princesa q es… quiero verlo sufrir
Sabrina Paola Coirolo q debió ser la mejor noche de su vida fue una noche seca como un tramite
Jennifer JhonsonQue arrogante
ELIZABETH HERNANDEZhay no para armando es tomar cualquier mujer pero alicha se está entregando en cuerpo y alma
ILiana FerreiraAlgún día no vas a querer estar sin besar sus labios y ahora los rechazas
ILiana FerreiraHay Armando que frío fuiste con Alisha
chely ortegaAlicha se entregó por amor pero Armando solo cumplió fue un deber
Katty ColladoAlicha Va con toda la ilusión de su primera vez
Katty ColladoHay Armando espero que se dé cuenta de que Alicha lo ama de verdad
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