De vuelta a la mansión, Demian manejaba el auto para llevarlos, miró por el espejo retrovisor, sintió que, de alguna manera, algo de la incomodidad y el enojo de Liliana ya no estaba.
Se sentía como una gran victoria, pero sabía que no debía confiarse.
«Debo ganarme su amor, esto no será tan fácil, al menos ya conseguí que no me vea con desprecio, un pequeño paso a la vez», pensó con optimismo.
Al entrar, Liliana comenzó a arreglar los útiles escolares de Carlitos.
—¿Por qué debo ir al coleg