Meri no tuvo que repetirle dos veces a su esposo que dejara sus pendientes del estudio de grabación y se tomara unos días de descanso en casa para sanar la herida. Ella sabía lo valioso que era su esposo para la empresa, y faltar un par de días no iba a hacer que lo despidieran. Además, había retomado su trabajo en el hospital y alguien debía controlar a los niños mientras ella estaba en la guardia hasta que encontraran una solución a ese tema.
Dios sabía lo desastrosos que podrían ser sus hijos