Era como si todos sus sentidos se hubieran unificado en uno. Como si su cuerpo estuviese conectado a una cuerda invisible que sostenía todas sus extremidades, que rodeaba su cuello como una correa y terminaba en la mano de Fox.
Con cada palabra del hombre, se ajustaba más, ahorcándola, paralizándola. Y aunque su mente luchaba por alejarse de él y esconderse detrás de Elio, no podía moverse.
Todo su pasado, aquel que había escondido con recelo en los cajones más alejados de su mente, se abrió de