Tuve el impulso real de no contestar aquella llamada. Estaba segura de que vendría otro enorme regaño por parte de Nicolás, y era lo último que quería en ese momento. Pero el guardaespaldas pronunció ahí, con el teléfono tendido hacia mí. Valentín se encogió de hombros, dando a entender que no me ayudaría en eso. Era un problema en el que yo misma me había metido y había revolucionado a todo el mundo por culpa de mi irresponsabilidad. Así que no tuve más opción que contestar la llamada.
En cuan