Todo mi mundo tembló en ese momento. Los ojos acusadores de la hija del ministro se clavaron en los niños.
—¿Es Alana? —repitió nuevamente, mientras retrocedía tanto que su espalda chocó con el vidrio de atrás.
Nicolás estaba sentado en su escritorio, firmando unos papeles. Yo volteé a mirarlo y él apenas si levantó la mirada.
—No seas exagerada —dijo, regañando a la mujer—. Sabes que no lo es, solo tiene un leve parecido.
La mujer respiró un par de veces, intentando calmarse, pero yo pude ver