Y cómo se acercó, pero no tuve ni las fuerzas ni el carácter para alejarme, me quedé ahí. Me tomó por los hombros con sus anchas manos, sentí cómo su cuerpo se acercó al mío. Y entonces dejó su frente recostada en la mía y se quedó ahí un largo segundo, sintiendo mi calor, respirando mi propio aliento.
—Lo siento —dijo únicamente—. Ahora sé que no tienes cabeza para nada más, y yo no te voy a pedir que la tengas —comenzó a decirme—. Pero entonces dime, ¿cómo pago estos sentimientos?
Yo no pude