Samuel se quedó en el marco de la puerta por un largo rato. Yo le había hecho espacio para que entrara, pero él dudó. Al final, después de un largo segundo que considerarlo, asintió y entró despacio en la sala.
—¿Llevabas mucho tiempo ahí afuera? —le pregunté.
Él se encogió de hombros.
—Venía para hablar contigo cuando vi su camioneta. No sabía si se iba a demorar o si tal vez iba a pasar toda la noche aquí, pero decidí esperar un rato. Suerte se fue.
Su tono de voz era extraño, calmado, pero t