Samuel se puso de pie y comenzó a caminar por toda la sala, un poco desesperado, agarrándose las sienes. Parecía que le había comenzado un fuerte dolor de cabeza.
—¿De qué estás hablando? —me dijo—. Creo que no es una buena idea.
Yo me crucé de brazos.
—La verdad, pienso que sí. Lo he pensado durante mucho rato, por eso vine caminando desde que salí. —Quise decirle que era porque no me había alcanzado el dinero para pagar el pasaje a la casa—. Me funcionó caminar. Creo que es una buena opción.