Ninguno tuvo tiempo a reaccionar o a decir otras cosas. Yo pude observar, casi en cámara lenta, cómo el hombre levantaba su arma. No era una pistola, era algo diferente, un poco más grande, alargado y... supe en ese instante que ninguno de los dos sobreviviría aquel atentado.
Tal vez fue mi miedo, mi ansiedad, pero pude percibir cada uno de sus movimientos. Pude ver su rostro alargado, enrojecido por la adrenalina del momento, sus ojos oscuros como la muerte. Se mordió el labio interior antes d