No sabía muy bien, cuáles eran las intenciones de Valentín. Lo único que sabía es que se había comportado bastante extraño desde el primer instante en el que yo había aceptado ir con él, desde que había aceptado que me mostrara lo que él consideraba era completamente necesario que viera, había comenzado a hacer llamadas.
Yo me senté en el alféizar de la ventana a contemplar la calle. Pude ver a Cristian y cómo le explicaba algo a sus hombres, y con mi teléfono en la mano, distrayéndome un rato