ANDY DAVIS
Cuando salimos del restaurante, entre murmullos, no pude evitar reconocer a Lynnet, quien entraba presurosa con un niño de la mano. Tenía prácticamente la misma edad que mis hijos y sentí un retortijón. El pequeño no se parecía a John, eso era obvio a simple vista, apenas y lucía un par de rasgos de Lynnet, pero me quedaba claro que se parecía más a su padre biológico.
No intercambié ni una sola palabra con ella, solo dejé que entrara por lo que quedaba de su esposo modelo mientras